Algunas opiniones sobre la obra literaria y periodística

ADOLFO BIOY CASARES  (escritor)
“Braceli me hizo el mejor reportaje de mi vida. Me supo llevar muy bien: las mujeres, el sagrado olor del pan, el gusto del agua, el sabor de la papa, los sueños, el rito del amor, la lejana niñez, el boxeo, la esperanza en la primera luz del día siguiente... hasta me sentí cerca de mis padres. Nunca me pasó algo así. Después, cuando leí la entrevista, estuve tentado a creer que soy inteligente...”

ANTONIO DI BENEDETTO  (escritor)
“Periodismo: opino yo: Cuando uno lee sus notas, sus reportajes, piensa que ciertas cosas tal vez objetivamente suceden, pero se inventan en él. Más claro: pasan a ser cuando a Braceli le entran por los ojos, la piel, los oídos, y él las cuenta.”
“Braceli, yo lo proclamo, es un gran periodista, el de mayor personalidad surgido de la provincia de Mendoza en el quehacer de esa profesión, en lo que va del presente siglo. (Diario Mendoza, 4 de julio de 1985)
“Literatura: Braceli como escritor está brotado de creación. Inventa a partir del lenguaje y las situaciones. Tiene reflexión y pensamientos propios y originales. Arrolla al lector (posee un extraordinario don de comunicación, emociona sin hacer gestiones para emocionar). Conspira (contra la asfixia).
Es un talento.”

HÉCTOR TIZÓN  (escritor)
“He leído De fútbol somos, y quiero decir, sin exageración ninguna, que hace mucho tiempo la lectura de un libro no me atrapaba tanto como la de éste.
Sobre este asunto, digo: el fútbol, yo tenía, hasta la lectura de este libro, una opinión (de rechazo) semejante a la del querido Antonio Di Benedetto, opinión que ­–ante mi perplejidad y asombro– ha comenzado a variar. Es que, quizá, el fútbol en este libro no es más que un gran pretexto –absolutamente válido y digno– para meditar con hondura (y sobre todo ¡con gracia!) sobre lo esencial de nuestra vida. Además, su excelente prosa es un raro ejemplo de antisolemnidad y hondura.”

JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ  (escritor, periodista, sobre Argentinos en la cornisa y obra periodística)
“Walsh se anticipó a Capote, a Mailer y a todos los teóricos de la `non fiction´ cuando aseguró que la realidad y la ficción podían ser sometidas, con igual profundidad y validez, a los rigores de la literatura. Braceli, uno de los entrevistadores más originales y sensibles que ha dado el periodismo argentino, lleva a la práctica ese postulado, transformando el simple reportaje de coyuntura en género literario. Cada entrevista suya tiene un montaje teatral y un diálogo novelístico lleno de claves secretas. Confundidas entre notas de actualidad, las páginas de Braceli sin embargo resplandecen, dejan la inequívoca sensación de que son imperecederas, dan la impresión de ir urdiendo larvadamente un libro, un mosaico, una Argentina.”

RAÚL GUSTAVO AGUIRRE  (poeta, sobre Don Borges, saque su cuchillo porque...)
“Obras como éstas deben ser bienvenidas. Obras que contribuyan, no importa si se está de acuerdo o no con ellas, a promover una visión desapasionada, diríamos normal, objetiva, real -hasta donde estas palabras tienen sentido- de nuestros escritores. Braceli encarna un pensamiento disidente, que puede ser creador y tal vez el primer atisbo de una importante adquisición espiritual. Esa disidencia que aplaudimos ayer en un Thomas Mann, hoy en un Solyenitzin, no vacilemos, entonces, en aceptarla también en nosotros, en nuestra propia casa. Es sin duda un libro inusual que intenta lo que en Francia se denominaría aproximaciones a quien es ya una realidad insoslayable en nuestra literatura. Esto permite a Braceli examinar, proponer, ensayar. Y lo hace con una simpatía, un respeto y una seriedad que demandan para su obra por lo menos igual actitud. Bien se podría repetir lo que afirmó Günter W. Lorenz; un deicidio, agregaríamos, que en compensación nos devuelve un hombre, un hombre entrañable (el adjetivo es del propio Braceli).”

(Sobre La conversación de los cuerpos)
“Una conversación tan intensa, tan viviente, tan en lo profundo de la poesía y de la verdad... Lo que Braceli testimonia con sus poemas muy puros, inmediatos, sin doblez, es como una crítica del mundo a partir del amor (o de la vida, quizá, en un sentido más amplio).

GUILLERMO ALFIERI (h), (director Revista Veintitrés)
¿Cómo se escribe Kapuczinski? Bueno, como sea que se escriba, alguna ve le leí al hombre que el problema del periodismo actual es que está infectado, invadido, inundado, por empleados administrativos, bancarios, que preguntan cuál es la rutina del día y entran así como salen a horario. Y como comparto eso, infiero entonces que el Día del Periodista es un enorme equívoco que hace que uno se la pase abrazándose, saludándose y felicitándose con presuntos colegas que son sólo eso, presuntos. Así que quería aprovechar este Día para saludar solo y sólo a quienes considero mis maestros. Sea porque hayan ejercido esa docencia en vivo y en directo o porque me hayan ido desasnando y enriqueciendo al leerlos, o al permitirme editar sus notas. Y usted, Rodolfo, es, de lejos, uno de esos pocos, maestro.

OSCAR HERMES VILLORDO  (escritor, sobre Don Borges, saque su cuchillo…)
“Unamunescamente y borgeanamente, por su tozudez y lógica, este ensayo sui generis de Braceli tiene la seriedad del buen humorismo. Gracia, desenfado y humor están en la obra al servicio de un interés que no decae y de una segura conciencia de narrador. Una visión, al fin de cuentas, del admirado y discutido Borges, que Braceli presenta con conocimiento de causa apelando al sentido común.”

JUAN JACOBO BAJARLÍA  (escritor, sobre El último padre)
“Whitman fue el primero en imaginar la poesía como una máquina alimentada de metales, cuyo impulso se origina en la leña. Pero la leña tenía un código preciso: la más hermosa madera (la única, no la otra) con el espíritu del fuego. Rodolfo Braceli, cargado de referentes arquetípicos (exigencia estructuralista que escapó a Jung), advirtió de pronto que su poesía estaba habitada `por una máquina creadora que se autodeterminaba a través de dos sintagmas polisémicos. Por un lado, la madera-imagen, y por el otro la madera-vida. De entre ambos surgía una identificación que fascinó a Goethe y estudió Dilthey: poesía y vida. El resultado fue este asombroso libro de Braceli que se llama El último padre, la obra, imbatible ya, de un poeta joven que se adueñó de un tema cuya originalidad, a partir de su estructura, será difícil de superar: el de la maternidad-paternidad: He puesto madera / en la casita de tu vientre. / La puse con tierna furia. / Ayer me enteraste/ que la madera / te está creciendo y te palpita.
La imagen, en Braceli, se despliega como una situación en explosión. No recurre a la palabra como vehículo retórico. Ubica el hecho y extrae un desarrollo semántico que se integra de proposiciones tropológicas. Hace poesía desde el hecho y no desde la palabra en sí misma. Esto es suficiente para dar la medida de una singularidad inobjetable. Los prologuistas de la traducción de esta obra al inglés con el título The Last Testament (San Diego, California, Citybender, 1978), han observado este quehacer vital y han puesto de manifiesto la sorpresiva creación del autor. (La introducen Gustavo V. Segade y Francisco A. Lomelí, su traductor.)
Nos hallamos, por lo tanto, ante un libro infrecuente cuya madera crea un hijo múltiple: el de la carne y el de la poesía. Y entre uno y otro, el fuego que motiva la creación y arrastra.”

TAKAHISA SHIRAYAMA  (crítico japonés)
El último padre es un dramático mensaje-grito del hombre que, como ciertos animales, presiente avecinado su fin. Mensaje que se transmite sin reflexión (la reflexión viene después) a ciertas almas sensibles, advirtiendo el final de las desgraciadas relaciones entre el hombre y el querido globo terráqueo.”

FERNANDO LORENZO  (escritor, sobre El último padre)
“Un libro para estremecer. Qué difícil encontrar más espontaneidad que aquí. Más fuerza. Más vida. Y más metafísica también.”

GUSTAVO SEGADE  (prologuista de la versión en inglés, The last testament)
“Braceli, desde su tremenda sencillez, puede hacer llorar en público a los hombres grandes. Transforma lo común en extraordinario, lo usual en inusual. En un futuro que es ahora, nos hace comunicar con esos otros que somos nosotros mismos.”

FRANCISCO LOMELÍ  (traductor al inglés de El último padre)
“La poesía de Braceli encierra un mensaje conmovedor también para quienes se entregan a la lenta sordera. Una rebelión profética que hace reconsiderar el destino de la humanidad.”

INDA LEDESMA (actriz y directora)
“El ser humano se niega cada día más. Y así reprime, u oculta, sus exaltaciones trascendentes. Como Braceli es además de ser humano poeta, no sólo se las permite sino que se da cuerda como corresponde. Y como poeta que es, sabe que no sólo puede hacerlo, sino que debe, que le corresponde. Y así surge su juego. Libre, abierto, que ejemplariza para nosotros lo que no hay que dejar de hacer, lo que no hay que dejar de sentir: el artista toma oficios que le corresponden, pero el ser humano delega demasiado en sus poetas.”

GÜNTER W. LORENZ  (crítico alemán, especialista en literatura latinoamericana)
Don Borges, saque su cuchillo porque he venido a matarlo me parece una contribución importante al estado de la intelectualidad argentina de hoy. Es la prueba de cómo se puede realizar, literariamente, un deicidio sin perderse en infamias personales. Su autor manifiesta gran sensibilidad sin caer en los abismos de un falso orgullo intelectual. Puedo afirmar que la fascinación que me ha producido la primera parte del libro me ha durado hasta el final. Hubo párrafos y hasta capítulos que he leído dos o tres veces, admirando la preparación psicológica y la identificación casi completa del autor con el objeto de su investigación. El análisis de Borges en tercera potencia hecho por Braceli es una gran obra literaria y de investigación.”

CARLOS ULANOVSKY  (periodista, escritor, sobre Julio Bocca. Yo, príncipe y mendigo)
“Rodolfo Braceli llegó de Mendoza, y su origen de hombre de provincia es como un símbolo de su obsesión por llegar al interior de las cosas, de los temas y de las personas. Cuando leí su libro, volví a pensar con admiración de él, porque una vez más percibí, intacta, su estirpe de periodista esforzado, que no cancherea con nada, comprometido con la transparencia de las palabras y con el servicio al lector. Con la ayuda de recursos periodísticos pero en el marco de una partitura que no elude acercamientos teatrales, cinematográficos o psicológicos, Braceli se vale de diálogos, testimonios, reflexiones y de un importante trabajo de archivo para generar su relato y reconstruir una voz, la de Bocca, que comparte y exalta. Braceli no pelea por un lugar estelar. No usurpa el protagónico del libro. Con humildad ofrece al lector lo que todo periodista consciente debe dar: el alborozo de la otra mirada.”

DARLENE BODHAINE  (catedrática universitaria de Estados Unidos)
“Tengo la fuerte sensación que El último padre y su compañera son Adán y Eva, pero no en el principio sino ante el holocausto. Braceli utiliza prodigiosamente la herramienta de la ternura. Y de un modo insólito. Este libro se escapa de la literatura; es un bien público.”

HUGO PAREDERO (periodista, sobre Padres nuestros que están en los cielos/borgesperón)
“Borges, Perón, y un solo corazón: el de Braceli. Dos padres nuestros que están en los cielos y un padre de ellos que está aquí, en la tierra, escribiendo lo que aquéllos se olvidaron de vivir. Si nuestra patria no estuviera tan decapitada, debería tener a éste entre sus libros de cabecera. La única verdad es la realidad de la imaginación.”

(Sobre la biografía Julio Bocca. Yo, príncipe y Mendigo)
“Un artista que vuela sostenido por su niño interior, geniales los dos. Y un periodista poniéndole brújulas a tantas alas. Un libro desde y para el corazón. Cuando terminé de leerlo no supe qué hacer con el estado de felicidad conseguido. Enseguida comprendí que necesitaba leerlo de nuevo. Lo hice, y lo haré todas las veces que la vida me lo pida. Vida, no dejes de pedírmelo.”

ALFREDO SERRA  (periodista, sobre Caras, caritas y caretas)
“En este libro (el lector dirá si oportuno, necesario o imprescindible) está lo mejor de la producción periodística que Braceli amasó con talento y honestidad a lo largo de media vida. Creo que contiene los tres adjetivos. Es oportuno, porque en tiempos oscuros es bueno oír a gente luminosa. Es necesario, porque recupera el arte de la bella conversación, nublada en estos días por periodistas que, más policías que psicoanalistas, confunden agresividad con astucia o sutileza. Es imprescindible, porque en la suma de esas voces aparecen, de algún misterioso modo, la cara, los sentimientos y los sueños de un país que tantos se empeñan en borrar.”

ANDRÉS CÁCERES  (periodista y poeta, sobre Caras, caritas y caretas)
“De sus memorables entrevistas, Rodolfo Braceli ha elegido cincuenta para conformar su libro. Acierta cuando señala que el reportaje periodístico es una forma de antropología, una suerte de ensayo al revés porque se va autogestionando. ( ) Entre el medio centenar de personajes entrevistados hay quienes pasarán a la historia y quienes no, de modo que será el lector el que descubrirá las caras, las caritas o las caretas. Es así como aparecen, perfilándose cada uno a sí mismos pero todos urgidos por la pregunta incisiva, a veces espontánea, y otras expresamente meditada por el periodista.”

(Sobre La misa humana)
“De estilo agudo, cortado, la poesía de Braceli es festiva, dionisíaca y jubilosa. Periodista de pura cepa y escritor apasionado, se dirige aquí a ese hombre anestesiado, aletargado, inerme, confundido todavía por cierta prédica medieval y lo incita, desde la desnuda sencillez de sus versos, a vivir de verdad, a gozar cada instante, que es precioso y único. Su invitación es perentoria, de una urgencia ontológica; pero no se trata de una conducta cualquiera sino de un vivir intenso, considerada la intensidad como valor humano imponderable, sin el cual el hombre pierde su majestad, su condición de tal. Con la valentía del poeta que quiere modificar la realidad, se vale de temas de hoy y de siempre, pero lo hace con trompetería moderna, rebasando géneros, llevando al verso la teología del amor carnal y una poética idea de inmortalidad.”

LUIS MAZAS  (crítico teatral, sobre Violeta viene a nacer)
“Un canto a la vida. Braceli estructura una propuesta regocijante, pero con toques lacerantes. Con piadosa ternura y la complicidad de Violeta muestra la falencia del hombre cuando no es fiel a sus principios, cuando se traiciona a sí mismo como expresión individual o a las instituciones que creó. El espectador asiste, deslumbrado, a ese volcán de ideales en que se convierte una mujer que cree profundamente en lo que hace. Esta obra permite mirarse por dentro y recuperar muchos fervores supuestamente dormidos. Es una llave maestra de la esperanza.”

(Sobre el espectáculo La misa humana)
“Los poemas de Braceli, vigorosos, de seductora presencia, otorgan la definición a esta Misa. Braceli construye un universo en el cual subyace la tragedia, y logra que cierta jerarquía de valores se desnude bajo una firme mirada crítica. La lúcida trampa que utiliza es la ironía, pero no se trata sólo de segundas intenciones sino de asumir el principio de una crisis colectiva que estamos viviendo y que, por cierto, aún no ha concluido. Un espectáculo atípico que tiene mucho que ver con lo que nos pasa. El final es una explosión de colores y también de esperanza. Porque el mensaje (y aquí lo hay) es fundamentalmente positivo y no se deja llevar por el facilismo de un nihilismo siempre a mano. Un oratorio de singular validez.”

OLGA COSENTINO  (crítica teatral, sobre Violeta viene a nacer)
“En la década de las siliconas, la gym-tonic y el lifting, Violeta Parra es capaz de resucitar con toda su fealdad mítica y de enamorar a quien se le ponga delante, hombre o mujer, en cualquier caso igualmente indefensos frente a la belleza definitiva. Un inspirado texto de Rodolfo Braceli.”

GERARDO FERNÁNDEZ  (crítico teatral, sobre Federico García viene a nacer)
“El amor -a veces también denominado cariño- es un ingrediente que, en teatro, suele con demasiada frecuencia sustituir al único absolutamente inexcusable, el talento, y dar, por lo tanto, resultados lamentables. Federico García viene a nacer es una de las muy escasas excepciones a esa regla, y por ello doblemente bienvenida. No sólo la propuesta inicial es atractiva, sino que lo son también la forma teatral, su estructura dramática, su atinada dosificación de elementos emotivos y humorísticos, su hábil vaivén de los clímax y los remansos dramáticos. Braceli dice, dictado por la humildad, que esta obra es la harina en trance de hacerse pan, que no es teatro. Yo digo: sí es teatro, y del bueno. Un espectáculo comprometido con el presente y especialmente con el futuro.”

JORGE ZICOLILLO  (escritor, sobre Padres nuestros que están en los cielos/borgesperón)
"El día en que Rodolfo Braceli imaginó esta historia (Borgesperón), comenzó a construir un enorme espejo en el que cada habitante de esta pampa ancha y ajena puede mirarse. Cruel, sarcástica, tierna y reflexiva, la novela de Braceli -un escritor distinto, en muchos sentidos- talla a golpe de impiedades la condición argentina. Agudo, piadoso por la vía del humor, y necesariamente desenfadado, Rodolfo Braceli ha convocado todo lo reprimido con este libro al que cada argentino debería, por lo menos, echarle una ojeada."

JORGE DUBATTI  (crítico, investigador teatral, sobre Violeta viene a nacer)
“Braceli reflexiona sobre la condición humana y descubre que el hombre es una combinación inseparable de tragedia y de luminosa alegría. Violeta... conmueve y emociona hasta los huesos. Es la receta perfecta para curar a los deprimidos, a los tristes y a los tontos: nadie logrará escapar a su contundente sabiduría. Si el teatro fuera la vida, Violeta... sería lo más parecido a la felicidad.”

JORGE DE LUJÁN GUTIÉRREZ  (periodista)
"Rodolfo Braceli tiene, en el alborotado ruedo de nuestra redacción varios alias: Gaucho, Mendoza, Payador Perseguido. Pero todos ellos ocultan una sola, única y admirable cara: la de un poeta que decidió tender un puente con y hacia la gente -los humanos concretos, ya sean príncipes o hacheros- a través del periodismo, un arte que ejerce con tanta naturalidad como maestría. Pero aquí, en este ruedo, no sólo lo conocemos como poeta y como escriba. También como pensador, y -éste es un bello secreto- como cineasta. Bello secreto, digo, porque somos muy pocos los afortunados que tuvimos el privilegio de ver, hace ya muchos años, su conmovedor cortometraje sobre Nicolino Locche, una gema de celuloide que descansa en frías latas pero que merece una gran platea. ¿Qué más decir? Nada. Apenas (y nada menos) parafrasear a su inolvidable colega José Pedroni, el poeta de la Colonia Esperanza: Rodolfo es el hermano luminoso.”

CRISTINA CASTELLO  (periodista)
“Rodolfo Braceli es un voyeur. Con gula por la vida y ojos hambrientos de luz, se pone de puntillas y escarba en el alma de sus entrevistados. Pero hace trampas: porque no va solo. Está siempre con la poesía. Ella le revela, le devela, le enciende y le hace encender las hogueras: es su arma celeste. Y así acorazado, tira semillas -pues eso y no otra cosa son sus preguntas- con las que hurga en los personajes para descubrir lo humano que los habita. Pero sabe que Neruda tenía razón. Entonces, como todas las semillas que este fisgón tira están llenas de su alma, los entrevistados emergen en la cosecha llenos del alma suya. De un alma donde arde la vida como estética y fraternidad, como travesura y curiosidad. Así es la primera parte de su trabajo: el diálogo. Y la segunda es tanto o más compleja. Porque con el material que tiene y la siempre austera cantidad de líneas del periodismo, él escribe una ficción que -paradójicamente- refleja la verdad más honda de cada personaje. Por eso cada uno parece un calidoscopio y muestra caras -sin máscaras- que jamás se hubieran conocido, sin su mediación. Me honra -y me alboroza- decir que Rodolfo Braceli es el mejor entrevistador de la Argentina. Será porque es un voyeur de armas llevar. Una es la celeste y la otra es la intensidad, con las que -en homenaje a la vida- hace pito catalán a la basura light.”

CARLOS FONTANARROSA (director fundador de la revista Gente)
“Cuando Braceli pisó Gente, de entrada se mostró como un periodista muy, pero muy singular en medio de varios singulares. Sus reportajes tienen de todo: reflexión, agudeza, ironía, humor blanco y humor negro; consiguen la sonrisa, hacen pensar, inquietan, denuncian; emocionan, emocionan hasta las lágrimas. Sea con Borges, o con Locche, o con un preso, o con una modelo. Sea con un hachero como Valentín Céspedes, Braceli convierte cada reportaje en una fiesta para el pensamiento y para los sentimientos. Como en los mejores pucheros, tiene todos los sabores. Entra por la cabeza y sigue por el corazón. O viceversa. Reconozco además en él una actitud infrecuente: su independencia. Esta independencia a veces nos daba dolores de cabeza, pero el infalible olfato del lector siempre lo agradecerá. Para trabajar con Rodolfo mi código era sencillo. Yo le preguntaba: ¿Esa nota que propone lo calienta? Braceli respondía me calienta, y tenía un cheque en blanco, de páginas y de criterio, que él llenaba con su raro talento para provocar, en la misma página, la reflexión y la emoción del lector. Braceli aprendió en la universidad, boxeando, caminando, mirando. Pero posee algo que no se estudia, ni se aprende, ni se compra: su excepcional capacidad de comunicación. He conocido a periodistas notables en muchos aspectos, pero en esa posesión, a nadie como Braceli. Me agradezco haberlo traído a Buenos Aires.”

MARCELO CAPURRO  (periodista, publicista)
“Características virtuosas de los reportajes de Braceli: Virtud 1: Pueden ser comprendidos por doña Rosa y, a la vez, disfrutados por un intelectual. Virtud 2: Son verdaderas historias de vidas. Uno se queda con la sensación de que ya sabe casi todo de ese personaje. Virtud 3: En general, no han sido concesivos. Penúltima virtud: Para contradecir a Gracián, no son breves y son dos veces buenos. Virtud final: Son exactamente lo opuesto al periodismo casete. Braceli pregunta pero, además, opina, juzga, se emociona, observa, se enfurece, se compromete, llora, grita. Gracias a Dios, Braceli no ha logrado ser un periodista objetivo.”

CARLOS ARES (periodista)
“Durante los años de la dictadura, Rodolfo era un modelo para todo joven periodista de mi generación: todos queríamos ser periodísticamente como Braceli: fue el que mantuvo un pedazo de la ternura, que no desapareció, y de la sensibilidad, que tampoco desapareció en aquellos años.”

JULIO A. RUDMAN  (periodista, sobre De fútbol somos)
“El guiño resulta ser un ardid antiguo para levantarse una mina o un tipo, según el caso. Sin embargo, el guiño sigue siendo el elemento literario básico para lograr, o intentarlo al menos, la complicidad del lector. Rodolfo Braceli nos lleva estéticamente de la mano por los distintos caminos de la palabra y la redonda. Éste es un libro coral, escrito desde la alegría y el placer. No debe de haber actitud más odiosa que la de hacer ranking en literatura, pero para este lector este libro abre la posibilidad de vernos de otra manera.  ( ) Si el fútbol no existiera esta obra justificaría su invención. Pero también puede ser que el fútbol justifique la alegría de escribir. La referencia más inmediata es Eduardo Galeano. También suele mencionarse a Camus, a Soriano, y a algunos más. Pero en ninguno está ese sabor de idiosincrasia que le pone Braceli cuando ´destruye´ a Sebreli, desenmascara a Menotti, y retorna a los años felices de su Luján de Cuyo.
Una última mención con referencia al género. Otro acierto más: estamos ante un libro inclasificable; es decir, estamos ante lo inasible del misterio estético. Ni libro de cuentos, ni recopilación de entrevistas, ni ensayo, ni antología de poemas. Todo eso y un plus: la complicidad.”

JORGELINA NUÑEZ  (periodista)
“Cuando la trayectoria ha sido extensa y la obra distintiva, todo nombre propio actúa como un sello o una marca inconfundible. Así en Borges-Bioy / Confesiones, confesiones, a los frecuentados apellidos de Borges y de Bioy se añade el de Braceli. El nombre de Braceli sirve para avalar la operación y también para dignificarla. Sus entrevistas se han hecho famosas por la audacia de las preguntas tanto como por la habilidad para descolocar a los entrevistados de sus lugares habituales, sin alterar por ello el clima de una conversación amable que conserva la frescura original. La presencia de sus reportajes ( ) constituye una suerte de rara avis, de joya auténtica ( ). Se podría decir que Braceli es un especialista en escarbar la anécdota biográfica como raíz negada de la ficción. ( ) Por eso se animó con este libro contraperiodístico y antieconómico para darse un gusto y compartirlo con los demás.”

ANTONIO REQUENI  (poeta y periodista, sobre En qué creen los que sí creen)
“Autor de libros de cuentos, guiones y obras de teatro, Braceli es también un periodista que realizó cientos de reportajes en los que sagacidad y humor han sido rasgos de un estilo que aquí vuelve a hacerse presente. El autor no pretende un divertimento ni una discusión teológica, sino indagar en las distintas maneras que tienen los argentinos de expresar su religiosidad. ( ) Con agilidad e ingenio, induce a dar respuestas que muchas veces generan nuevos interrogantes y tiene la virtud de hacer también reflexionar al lector. Uno de los atractivos recursos de Braceli es hacer entablar a su interlocutor diálogos imaginarios con Jesús, Gandhi, Mozart o Hitler, entre otros personajes. El libro nos cuenta con sostenida amenidad la aventura espiritual de un heterogéneo grupo de argentinos ante la misteriosa dimensión de lo trascendente.”

LUIS ÁBREGO  (poeta, periodista, sobre De fútbol somos)
“( ) No tengo duda: es un gran libro, el que todo aquel que escribe y ama el fútbol le gustaría haber escrito alguna vez. Reflexión, delirio, militancia, autocrítica… todo de la mano del fútbol. Ése que refleja y nos refleja, como le gusta decir a Braceli. Que espeja. Que mitifica y desmitifica. Que amamos y odiamos. ( ) Como no podía ser de otra forma, este libro tiene humor, tiene denuncia, tiene fantasía. Emociona e impacta, juega y hace pensar. Es fútbol en acción y en reflexión. ( ) En esta absurdidad, como al autor le gusta escribir, que define la condición argentina, el fútbol se convierte en paradigma de análisis, en modelo social, en el replay de la autocrítica que como pueblo nos falta. De fútbol somos rompe con los famosos códigos del fútbol, esa excusa de cabotaje para no hablar de lo que nos pasa, nos afecta o nos molesta.”

SUSANA ESTHER SOBA  (poeta)
“Una fiesta. Una certidumbre de poesía. Un deslumbramiento total. Carne y levadura apacentada en ese continente tierno, desesperado y lúcido en el que habita Braceli. Goce, sí, de leer La conversación de los cuerpos, poemario fuerte, caliente, intenso de ganas, de fiebre vital, de desenfado. Fuerte y bello, que arroja sobre los límites precisos de la rutina y las tabulaciones éticas y estéticas a ultranza, un alto viento reparador, una llamarada audaz, un torrente de sentimiento vivo y tumultuoso que sacude toda inercia, toda hipocresía, toda palidez moribunda. Obra exaltadora de la vida, transitada por una sensualidad vigorosa y exultante. (...) Braceli ha lanzado sobre el adocenamiento chato y gris de tanto escriba presuntuoso, sobre esa medianía lamentable de tanto libro forzado y vano, este grito jubiloso, esta caricia cósmica, esta sensación profunda de que no todo está perdido cuando el verbo puede alzarse con tanta claridad y hermosura.”

ANTONIO SKÁRMETA  (escritor)
“A De fútbol somos lo disfruté como escritor y aficionado al deporte. Braceli tiene una cultura y un entusiasmo activo que animan su prosa tan comunicativa. Lo de Borges, Menotti y Gatti es genial.”

LILIANA HERRERO (cantante, investigadora, sobre Mercedes Sosa / La Negra)
“Éste es un libro torrente, un collar de voces entrelazadas. La evidente hazaña de Rodolfo Braceli es haber logrado que sea el libro profundo de Mercedes Sosa. ( ) La voz de Mercedes es la autora profunda y Braceli el gozoso oficiante que le puso los tapices, el espacio y el tiempo para que pudiera escucharse. Y digo gozoso porque Braceli utiliza su rol de entrevistador para convertirse en un vivaz enhebrador y montajista que tiene las piezas preciosas del rompecabezas que es toda existencia.
Lo que leemos en este libro es que Mercedes dice las cosas duras y abrumadoras sin reservas, a modo de una gran confesión ejemplar. Sin duda, recuerda y remite a los grandes escritos clásicos de todas las culturas, aquellos que suelen reclinarse en un gran estilo confesional. Es mérito de Braceli haber encontrado el sonido justo de esa veta en Mercedes y es coraje de Mercedes dejar que esa vena quede desnuda. Estamos ante una confesión pasional, pero también ante un documento extraordinario sobre nuestra historia cultural, ante un capítulo de gran relevancia de esa historia.
Braceli dice que éste es un libro para ser escuchado y tiene razón. Mercedes Sosa / La Negra es un libro político y también profundamente íntimo, público y privado, indispensable para contar la historia cultural de este país.”

BARTOLOMÉ VEDIA OLIVERA  (periodista, sobre Borges-Bioy…)
“Rodolfo Braceli es uno de los entrevistadores que más se ha acercado a la intimidad de los creadores de Bustos Domecq. Braceli utiliza materiales reales de sus entrevistas para un propósito que excede el mero periodismo.”

ALBERTO LAISECA  (escritor, sobre Padres nuestros que están en los cielos / borgesperón)
“En esta novela de Braceli, Perón y Borges están prisioneros, en el otro mundo, dentro de un extraño recinto, una jaula que es como un cilindro mágico. Ninguno de estos viejos enemigos cambia su esencia: Perón, con su humor campechano y eternos discursos populistas: Borges, con sus frases agresivas contra negros, vascos y el pueblo esquimal. Muerto el perro empezó la rabia. Con la muerte de nuestros grandes hombres, sus defectos (propagados a la Argentina) se hacen eternos. No se trata de conciliar lo inconciliable; es algo más difícil: la tarea imposible de cambiar lo incambiable, obligar a los dos extremos a la humildad. En el libro hay diálogos que sintetizan bien lo apuntado; son válidos no sólo para la política sino también para la economía y el mundo de las ideas.”

PEDRO M. FUENTES  (periodista, sobre Padres nuestros que están…)
“Ante todo destaco la originalidad del autor: magnífico enfrentamiento entre dos personajes contemporáneos entre sí y tan típicos de dos mentalidades argentinas. La técnica empleada, el diálogo, es la que mejor se adapta a este tipo de libro y la que mejor responde a la idiosincracia de los personajes; los dos eximios conversadores, los dos agudos, chispeantes, incisivos, irónicos, hirientes. Braceli maneja los diálogos con suma habilidad."

HERNÁN CASTILLO (periodista deportivo, sobre De fútbol somos)
“Aborda cada tema desde la reflexión del ensayo crítico, la vivencia del reportaje y la ficción. La originalidad de Braceli sorprende tanto por el contenido como por el tratamiento.”

ALBA OMIL (crítica literaria, sobre Padres nuestros que están…)
“El lenguaje es agudísimo, lleno de ingenio y de destreza, en muy variada gama. El autor conoce a la perfección la obra de Borges y salpica con sus expresiones todo el discurso. Conoce también la historia de Perón y sus detalles. Desde una posición equidistante lanza sus dardos que van a dar en la cabeza de los dos muertos y en el estómago del lector.”

ERNESTO SÁBATO  (escritor, sobre Don San Martín ¿a usted qué le parece?)
“( ) Su libro, Braceli, es original y valiente, dos atributos que me gustan muchísimo. Ánimo, camarada.”

MARTA OYHANARTE  (política, sobre Don San Martín ¿a usted qué le parece?)
“En el calidoscopio que nos va armando este libro, los vemos a San Martín y a Alicia Moreau tan humanos como Braceli, y a Braceli tan prócer como ellos. Porque, finalmente, ¿qué son los próceres?: son personas de alta dignidad. Y los tres, con seguridad, la tienen. Entonces nos imaginamos a cada uno, en distintas épocas, trabajando siempre por lo mismo: los valores éticos, que son, en última instancia, la raíz más profunda de la condición humana. Si tuviera la facultad de poder hacerlo, incorporaría este libro a los programas oficiales de las escuelas primarias, de las escuelas secundarias, de las escuelas públicas y privadas, incluso a los programas de los colegios militares, de escribanos, de abogados, etcétera. ¿Y por qué? Porque como Braceli nos dice, al devolverles carne y cotidianeidad a los próceres, los bajamos de los monumentos y eso nos impide a nosotros que los usemos como excusa diciendo que son perfectos, por consiguiente, son inimitables.”

LUIS RICARDO FURLAN  (poeta,  sobre El último padre)
“Braceli es dueño de una cosmovisión que se caracteriza por la donación expresiva. En El último padre recorre el laberinto del universo, moviliza a la criatura dentro de su peripecia y la desnuda mediante un lenguaje no convencional ni convencido sino con la pureza habitual de los días que se derraman. El poeta es un constructor del vacío, es decir, quien destierra la realidad para habitar la isla del encantamiento. Braceli no es un aislacionista aunque su mundo interior se regocije en la contemplación y la esperanza de la raíz. Su canto se multiplica, se hace estridente, busca dimensiones en otras temperaturas. Y en este círculo vital Braceli entrama y desentrama su canto fundamental. Rodolfo Braceli tiene un cartabón poético donde el oficio ya está consolidado por mediación de un lenguaje claro, sensible y comunicativo, sin que para alcanzar ese nivel deba hacer ninguna concesión. Sin lugar a dudas él es uno de los poetas más diestros de la poesía argentina.”

(Sobre Don Borges, saque su cuchillo…)
“Estamos en presencia de un libro extraño. Un trabajo originalísimo. La labor de Braceli es meritoria en cuanto refleja una perspectiva distinta de Borges.”

JUAN GELMAN  (sobre Carta abierta al presidente Batlle)
“Su artículo es excelente, duro y hondo, aunque no creo que Mr. Batlle se conmueva demasiado. Pero justamente es eso lo que el artículo pone en evidencia y las razones para ponerlo en evidencia son de fondo. Desnudar a estos canallas no es trabajo perdido.”

(Sobre Argentinos en la cornisa)
 “( ) Muy hermoso, muy emocionante, muy conmovedor. Muchas gracias desde el fondo.”

HORACIO SALAS  (poeta, periodista, sobre Don Borges, saque su cuchillo…)
“El planteo de Braceli es inédito. El resultado es un libro cálido y al mismo tiempo no carente de agudezas críticas. Seguramente el mérito de este trabajo sea el de intentar explicar la realidad borgeana mediante un sistema irreal. El método no se equivoca. Más allá del humor, de la ironía constante, este libro encierra más de una hipótesis válida, expresada de forma tal que la erudición se burla de sí misma.”

GONZALO QUEVEDO  (escritor, sobre Pautas eneras y El último padre)
“Rodolfo Braceli es quizás el último padre de la poesía visceral, del lenguaje que hay en las cosas, de las largas filas de memoria. Es quizás el último padre de nuestra propia lectura de lo que pasa, es quien dice con mejores palabras lo que todos pensamos. Del paraíso apocalíptico que es el mundo, la flor crece entre la basura y todavía queda alguno que otro que no está convencido de aniquilar mariposas. Braceli rescata las cosas que nos son esenciales; ha sabido dibujarnos, hacer el mapa de nuestros cuerpos y nuestras almas con precisos trazos que nos recordarán como especie. Hasta que la sentencia de vivir en un mundo gris no tenga sentido y hagamos sin más la posdata que convenga a nuestra vida de humanos, lisa y llanamente.”

ALBERTO CATENA  (periodista)
“Periodista de gran creatividad y modelo para varias camadas de colegas que tuvieron la suerte de cruzarse con él, Rodolfo Braceli es una suerte de clásico en la prensa de este país. Sus reportajes han hecho época en diversas revistas y han elevado la actividad periodística a un nivel superior. No es difícil saber porqué. Braceli es antes de que nada un escritor, un artista con talento que ha incursionado con pasión en distintos géneros de la literatura: el teatro, la poesía, el ensayo, la novela. Y que ha pugnado, como otros representantes notables de este oficio, por ampliar la frontera del periodismo. ( )  Leyendo a Braceli, se puede coincidir con el escritor valenciano Manuel Vicent cuando dice que el periodismo es la estética a través de la cual la historia tendrá testimonio del siglo 20.”

(Sobre La misa humana)
“Hay artistas que dedican su vida a descubrir verdades y a sembrarlas intentando inaugurar la ceremonia superior del develamiento. Son pequeños gladiadores en la tormenta, soñadores impertinentes contra la adversidad. Braceli es uno de ellos, un orfebre de las palabras que abre grietas al bostezo y la ceguera.”

ANA SEOANE (crítica teatral, sobre el espectáculo El último padre)
 “El texto presenta una infrecuente característica movilizadora: le habla a los sentidos. En el mundo literario abierto por Braceli, y presentado de la mano de Inda Ledesma, impera esa extraña combinación de lo posible y lo imposible, en la cual la ironía se cuela de manera inocente y al mismo tiempo aviesa. La imaginación de Braceli no sólo se atreve a esa combinación de poesía, humor y ciencia ficción, sino que a partir de estos elementos cuestiona la vida mal vivida. Difícil será el poder separar el arte de Braceli del de Inda Ledesma, creadora de este hecho teatral infrecuente. La sala Casacuberta se transforma en un microcosmos y las posibilidades técnicas no han olvidado recurso alguno. Es una cita con el pensamiento reflexivo, la imaginación y el buen teatro.”

MIGUEL ROIG  (periodista, escritor, sobre El último padre)
“Sin duda, con este libro Braceli remonta el sueño de Miguel Hernández tomando en cuenta la advertencia del poeta: desperté de ser niño, nunca despiertes. La burocracia de la santísima trinidad, nacer-reproducir-morir, es aniquilada por Braceli alentando un verbo: vivir.”

GUSTAVO LLADÓS  (periodista, sobre el espectáculo El último padre)
 “El texto es bello, se interna por los caminos de la poesía y sabe acaparar la atención con originales imágenes literarias. Inda Ledesma lo convierte en un verdadero material teatral.”

FRANCISCO BLUM   (crítico teatral de Argentinisches Tageblatt, sobre el espectáculo El último padre)
“Es una creación muy seria, nacida de la preocupación por el futuro de la humanidad, del poeta-escritor Rodolfo Braceli, cuyos trabajos despiertan el interés y la atención de los amantes de la literatura desde la década del ´60. El lenguaje de Braceli es diverso y presenta una elaboración mística, estados de ánimo a los que Inda Ledesma impregna de la multiplicidad de su poderío expresivo. Es un fantástico show.”

EDDA DÍAZ (actriz, sobre El último padre)
“Braceli, padre de gajos de hombre. Por tres años he dicho poemas de este libro en mi espectáculo, y por tres años he visto a hombres y mujeres llorando por la pura verdad de la vida que palpita... Sé que hay padres que llaman Rodolfo a sus hijos en homenaje a Braceli, hombre culpable de ternura indiscriminada.”

GUILLERMO MARTÍNEZ YANTORNO (periodista)
“...uno de los secretos del vigor de Braceli es no sufrir el pudor de difundir los sentimientos. El resto es saber escribir.”

ALCÁZAR  (Madrid, sobre El último padre)
“Cuando parece conducirnos al pozo donde todo se hunde, Braceli abre la lámpara y deja que una luz magnífica inunde todo de vitalidad. Canto a la continuidad del ser humano."

EDUARDO MILEO  (poeta, sobre el espectáculo La conversación de los cuerpos)
“La temática de esta obra se hace a la comprensión de la esencia de la poesía. ¿Qué significa esto? Que habla de aquellos elementos que conforman y aprietan el nudo central de lo poético: el tiempo, el amor de los amantes. Al igual que los amantes de Rilke, los de Braceli conforman un tiempo original. Un tiempo que no progresa. El tiempo del espíritu. Al nombrar a los amantes Braceli los transporta desde el tiempo original hasta nuestros días y luego los devuelve al origen. Este espectáculo, La conversación de los cuerpos, es un himno. El tratamiento de la palabra le confiere a veces tono de órgano, a veces de guitarra, pero siempre de colores apasionados como los cuerpos que nombra. La poesía está ahí: esperando.”

JORGE CALVETTI  (poeta, sobre La conversación de los cuerpos)
“La filosofía de este espectáculo no puede ser materia de discusión. Se la comparte o no. En nuestro caso, la compartimos fervientemente, para decirlo con etimología pensada. Erige su excelencia el bello texto de Braceli, ¡qué duda cabe!”

CÉSAR MAGRINI   (crítico teatral, sobre el espectáculo La misa humana)
“La sesión transcurre en tanto se van enhebrando, incesantemente, hallazgos poéticos del más noble cuño, sin caer en grandilocuencia ni en palabrerío inútil, sino halagando el oído, en un ´crescendo´ avasallante, con frases que ensalzan el amor, la vida, la fe, el optimismo. Lo que aquí ha escrito Braceli tiene vuelo y tiene grandeza, abunda en matices íntimos y tiernos, en alegría, en lirismo, en luminosidad. Los minutos corren y se querría que el tiempo se detuviese para seguir instalados en la tibieza de las palabras, para saborear más a fondo el juego de las imágenes, para sentirse acunado en este ininterrumpido oleaje poético. Hermosísimos textos. Gran himno a la vida esta Misa. Siquiera esporádicamente y por una vez (los domingos, incluso, puede hacérselo) conviene, y mucho, asistir a ella. Es la negación del infierno; más aún, es la afirmación de que la vida, si lo queremos, puede transformarse en el más encandilante de los paraísos.”

RAÚL GARCÍA OLIVIERI  (crítico teatral, sobre el espectáculo La misa Humana)
“Un espectáculo distinto, que rompe los moldes y se aleja de cualquier prurito ortodoxo. Pero la heterodoxia va mucho más allá. En los sentimientos que lo impelen y en el ningún temor a las palabras que manifiesta. Y es por esa saludable convicción, y por la forma en que ella resulta vertida, que el juicio se vuelca de manera decididamente favorable. La idea de Braceli es adoptar la sensualidad como una forma de conciencia, divorciándola de la idea judeocristiana de la culpa. De allí, entre otras, esa enumeración de “pecados” y “mandamientos” que erizará la piel de más de un desprevenido. La Misa Humana es una propuesta saludable y, hay que aclararlo, alejada de toda moda.”

TERESA TOLEDO  (crítica de Buenos Aires Herald, sobre el espectáculo La misa humana)
“Un texto sorprendente, rico en autenticidad y de alta calidad. Este espectáculo es intenso y demanda especial atención: una serie de verdades, que reflejan los reales valores de la humanidad, están expresadas con fibra por este excelente grupo de actores. El texto resulta tan interesante como atractivo y atrapa el interés del público. La original idea de montar un espectáculo tan despojado ha resultado un suceso, y Braceli ha puesto la marca de su estilo en esta provocativa propuesta. El autor apela a la conciencia para analizar nuestras muchas carencias. El inquietante curso de la vida presente, la crisis moral de nuestro tiempo, son también elementos que se afrontan en esta vigorosa denuncia. Este es un enérgico y positivo alerta que despierta la inevitable polémica, que abre el camino de la esperanza y de la fe.”

JORGE SIGAL (periodista, sobre La misa humana)
“Bella, amigable, irónica, divertida, profunda. No importa en qué o en quién uno crea, nadie debería privarse de concurrir a esta Misa. El único requisito es estar vivo.”

ANA D´ONOFRIO   (periodista, sobre La misa humana)
“Es un grito primal que nos despierta y nos estremece. Estallan los sentidos y la razón se confunde. El alma se conmueve. Audaz, transgresoramente espiritual, apasionada, es indispensable para volver a sentir.”

ALEJANDRA BOERO   (directora teatral, sobre La misa humana)
“Me impresionó su lenguaje poético, con tanto vuelo. Braceli es un auténtico poeta y no va a poder zafar de semejante don. Entre todo el elenco concretaron algo valioso y poco habitual: convirtieron a la palabra en espectáculo.”

ERNESTO SHÓÓ   (escritor, crítico teatral)
“No sólo es un espectáculo muy bello. ...Violeta viene a nacer enseña algo poco habitual en el teatro argentino: la utilización del espacio aéreo. Ésta no es una mera referencia técnica: es un dato de estilo estrechamente vinculado con la poesía del texto. Rodolfo Braceli propone una tesis ingeniosa: es posible revertir la muerte que Violeta se dio a sí misma, como quien da vuelta un guante. ( ) Virginia Lago es de las grandes ( ) y los personajes del circo son una pura delicia. Convivir con la Violeta real debe de haber sido difícil; a ésta, la resucitada, es difícil no amarla. Un espectáculo brillante.”

PABLO ZUNINO   (poeta, crítico teatral, sobre Violeta viene a nacer)
“La violenta Violeta creció como una flor en el barro. Es imaginativa, mágica. La poesía no perdona y las lágrimas comienzan a rodar. ( ) Virginia Lago se mete con Violeta de un modo juguetón y, al mismo tiempo, se lanza en una veta trágica. No hay mármol, y aborda sin miedos a este personaje de contrastes tan complejos.”

LA MAGA  (sobre Violeta viene a nacer)
"La idea es ocurrente y por demás significativa. Moviliza la conciencia del espectador y promueve satisfacción. (...) La escena muestra la arena de un circo y en ella los intérpretes juegan a dar vida a situaciones con una intensidad que se convierte en conmovedora."

MIGUEL ÁNGEL SOLÁ   (actor)
“Como poeta, ensayista, dramaturgo o periodista, Braceli es de los pocos que le hablan a la Vida como la Vida necesita. Cuando escribe abre puertas y ventanas que oxigenan el corazón y el cerebro de los que aún creen.”

(Sobre Pautas eneras, el libro prohibido y quemado)
“Leo en sus veintiún años y saboreo un no casual parentesco entre el joven y el ya veterano bostezo aburrido y descortés que le provocan los eunucos que saben cómo se hace pero no tienen con qué.
Braceli escritor.
Braceli periodista.
Braceli fabulador de historias siemprejamás vividas.
Braceli parrochaprovincianapostergadaporquehaymuuchoquehacerquelotiró.
Braceli, único-todos, Braceli.
Braceli eterna humanidad.
Braceli viento en contra y a pesar de todo.
Braceli huevo-pichón-ave fénix-ángel...
Braceli expresión-carne de un Dios que se regocija al leerte...
¡Cuánto fuego por poesía humana!
El suyo, encendido ayer, hoy y mañana, llama o brasa, según quién.
El de los usurpadores, quemando sus letras.
El del Sol cuyano, incinerando a los inquisidores.
El que, como el Federico García y la Violeta, vuelve a nacer en esa tierra hermosa de toda hermosura; en esa vendimia de amores entre montaña y deshielo; en esa acequia que de tanto jugar a ser corcho, papel y madera, trajo a mi orilla, simulando naves, primero a mi padre y después a Rodolfo, un amigo signado por pautas eneras que siguen siendo.”